Jorge Riechmann, llicenciat en matemàtiques, però reorientat a la filosofia, amb la poesia sempre al centre, va ser un dels ponents del darrer Congrés Nacional d’Educació Ambiental. Ens convida a reflexionar sobre com fer front a la crisi ecològica i social. El voleu conèixer?

Recientemente has participado en el Congreso Nacional de Educación Ambiental. ¿Qué experiencia te llevas?

Enseñamos, intentamos transmitir, pero no para engendrar discípulos sino para formar autodidactas: personas capaces de autoconstrucción y autonomía, habituadas a pensar con su propia cabeza. Fue para mí muy grato dialogar en el Congreso con gente que, creo, comparte esta orientación.

De todas las publicaciones que citaste en tu charla durante el CNEA, ¿cuál no podemos perdernos?

Un libro importante que cité en aquella charla inaugural es Sin transición, de Jean-Baptiste Fressoz (2024). Muy adecuado para reflexional -sin anteojeras- sobre transiciones energéticas. Por lo demás, las notas de base de mi charla están en mi blog, en la entrada titulada: “Algunas ideas sobre educación ecosocial”.

Si aceptamos que los humanos somos holobiontes y que la Tierra es un planeta profundamente simbiótico, ¿qué cambios concretos deberíamos asumir para reinsertarnos de forma no destructiva en esta trama de vida?

¡Difícil responder en pocas palabras! En la charla recién evocada di algunas claves (más bien consignas): no educación ambiental funcional en el capitalismo, sino educación ecosocial anticapitalista, decrecentista y pacifista. No una escuela/instituto/universidad para generar lealtades al Estado y al Mercado, sino el compromiso con los objetivos de una humanidad libre y justa en una Tierra habitable. Para bajar al detalle, os remito a mi libro Otras sendas. Ideas para un programa ecosocialista.

¿Cómo imaginas en 2050? ¿Todavía será necesaria la educación ambiental?

Por desgracia, sí… El novelista y ensayista H.G. Wells escribió una frase que he recordado muchas veces: “La historia humana es una carrera entre la educación y la catástrofe”. De momento va ganando la catástrofe.

¿Cómo superar la desconexión de las personas con la naturaleza en entornos urbanos?

Sólo dos indicaciones. La primera: necesitamos renaturalizar en todas partes; también en los campos de cultivo, y de forma decidida, impulsar procesos de rewilding en nuestros pueblos y ciudades. La segunda: debemos apostar por los huertos urbanos. Si cuidar un huerto —que, en realidad, es dejar que el huerto cuide de nosotros— fuese una obligación cívica, quizás regulada por ley, ¿resolveríamos la crisis ecológica? Robin Wall Kimmerer con Una trenza de hierba sagrada, y Kois (José Luis Fdez. Casadevante) con sus Huertopías, responderían que sí.

Tenemos un gran reto: conectar con la juventud en una temática a menudo trillada y con tintes catastrofistas. ¿Cuál es tu estrategia para activar a este colectivo?

Max Jacob sugirió en la primera frase del libro Consejos a un joven poeta: “Yo abriría una escuela de vida interior, y escribiría en la puerta: Escuela de arte”. También se podría escribir “Escuela de sustentabilidad”.

¿En tu opinión, debemos jugar al juego de las redes “nocivas” o intoxicadoras para contrarestar el discurso consumista?

Es una batalla perdida, pero a veces hay que seguir peleando tras las batallas perdidas. Necesitaríamos redes sociales que de verdad lo fueran (lo que tenemos ahora son casi exclusivamente megaempresas transnacionales con feroz ánimo de lucro y objetivos de control social capilar, que están degradando enormemente nuestra convivencia democrática), de carácter público-comunitario. Todo un enorme trabajo por hacer…

Te conviertes en Ministro de Medio Ambiente. ¿Qué harias con los primeros 100 millones de euros de presupuesto?

Una intensa campaña de agitprop, puerta a puerta, para tratar de convencer a la ciudadanía de la necesidad de socializar la banca privada y las empresas energéticas.